Asfixias en ponedoras: un reto creciente para la avicultura moderna sin jaulas
La producción de huevos libres de jaulas, cada vez más demandada por los consumidores y regulada por la normativa europea, ha traído consigo un conjunto de desafíos que trascienden lo productivo. Entre ellos, uno de los más preocupantes para los veterinarios y productores es el amontonamiento y las asfixias en gallinas ponedoras, un problema multifactorial que compromete tanto el bienestar animal como la eficiencia de las explotaciones.
El veterinario Diego Cortés Leris, del servicio técnico de Ibertec y profesor asociado de Patología Avícola en la Universidad de Zaragoza, analiza este fenómeno, cada vez más habitual en sistemas alternativos, y ofrece claves para su detección y manejo.
Un comportamiento aberrante con graves consecuencias
El amontonamiento se define como el comportamiento por el cual las gallinas se agrupan de forma anormalmente densa. Cuando este hábito deriva en mortalidades, hablamos de asfixias, un problema que afecta especialmente a las estirpes de huevo moreno y que puede presentarse en cualquier fase de la puesta.
El especialista distingue tres tipos principales según el momento del día en que ocurren: asfixias matinales, vespertinas y nocturnas, además de un cuarto tipo ligado al pánico o miedo. En todos los casos, el resultado es similar: estrés, pérdida de bienestar, disminución de productividad y, en los casos más graves, mortalidad significativa.
Asfixias matinales: la presión de la puesta
Las asfixias por la mañana suelen producirse en las primeras fases de puesta, cuando las gallinas jóvenes aún no dominan el uso del nidal. Atraídas por los mismos espacios que las aves más experimentadas, tienden a aglomerarse en los extremos y esquinas de los nidales, llegando incluso a subirse unas sobre otras.
Este comportamiento gregario puede causar muertes por asfixia dentro de los propios nidales o provocar atascos en las cintas transportadoras de huevos, con las consiguientes pérdidas productivas.
Entre las soluciones más efectivas destacan la instalación de separadores entre nidales, la retirada temporal de cortinillas o el cierre de los nidales más problemáticos. No obstante, se trata de medidas paliativas: el verdadero control depende del diseño del sistema y del manejo diario.
Asfixias vespertinas: el efecto del comportamiento social
Las asfixias por la tarde suelen aparecer cuando el lote ha alcanzado su pico de puesta y las aves, tras completar sus actividades básicas del día, se agrupan en el suelo sobre la yacija. Estos episodios son especialmente comunes entre las semanas 30 y 50 de vida y tienden a reducirse conforme las aves envejecen.
Los investigadores apuntan que detrás de este tipo de asfixias puede haber factores de estrés, miedo, condiciones ambientales o aprendizajes deficientes durante la recría. También se han descrito fenómenos de atracción por la luz solar o comportamientos socialmente influenciados que derivan en una concentración anómala de aves.
Para mitigar estos casos, se recomiendan medidas de enriquecimiento ambiental: aplicar grit o grano sobre la yacija, ofrecer juguetes, cambiar rutinas o abrir el acceso a patios exteriores para romper la monotonía. En definitiva, “partirles la rutina”, como señala Cortés, puede ser la clave para prevenir estos comportamientos aberrantes.
Asfixias nocturnas: cuando el descanso se convierte en riesgo
Durante la noche, las asfixias se producen normalmente durante el acueste, una vez apagadas las luces. Algunas aves tienden a dormir demasiado juntas, especialmente en los niveles inferiores del sistema, y la falta de espacio o tiempo para acomodarse correctamente genera asfixias por compresión.
Para evitarlo, se recomienda estimular a las gallinas para que duerman en los niveles superiores, empleando rampas, luces de guía o apagados progresivos que faciliten la distribución. También resulta esencial que las aves hayan sido entrenadas adecuadamente durante la recría, acostumbrándolas a distintos estímulos y ruidos, para evitar respuestas de pánico ante cambios repentinos.
Asfixias por miedo o pánico: el enemigo invisible
Los brotes de pánico pueden provocar mortandades súbitas y en múltiples puntos de la nave. Son episodios impredecibles, desencadenados por ruidos, movimientos bruscos o la entrada de personas desconocidas.
La reacción colectiva de las aves recuerda a una “ola mexicana”: el grupo se mueve al unísono en busca de escape, aplastando a las que quedan atrapadas. Estos episodios son más frecuentes en lotes estresados o con problemas de picaje, y tienden a disminuir con la edad.
Entre las medidas de control destacan la reducción de la intensidad lumínica, el uso de luces cálidas y el manejo tranquilo y constante por parte de los cuidadores. Cortés recuerda que incluso capturar una gallina de forma inadecuada —permitiendo que emita un grito de alarma— puede desencadenar un brote de pánico.
Un problema multifactorial sin una única solución
Los amontonamientos y asfixias son el reflejo de un problema multifactorial donde confluyen factores de manejo, ambientales, sociales y fisiológicos. La iluminación, la densidad, la temperatura, la calidad del aire o la salud intestinal pueden actuar de forma combinada y, en muchos casos, imperceptible para el ojo humano.
Por ello, no existe una única solución. La clave está en identificar el tipo de asfixia, analizar las causas y aplicar medidas personalizadas. Un manejo proactivo, junto con personal formado y atento al comportamiento de las aves, sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el problema.
Conclusión: el papel del granjero como gestor del bienestar
La producción sin jaulas representa un avance ético y comercial, pero también exige mayor conocimiento técnico y observación constante. Los granjeros son hoy gestores del bienestar animal tanto como de la productividad.
Como concluye Diego Cortés, “contar con cuidadores bien entrenados y motivados, con actitud proactiva hacia la resolución de problemas, es la mejor medida para mitigar los episodios de asfixia en granjas modernas”.
En un contexto donde la sostenibilidad y el bienestar son pilares de la producción, comprender y controlar estos comportamientos aberrantes se convierte en una prioridad para el futuro de la avicultura europea.



