Coccidiosis en pollos de engorde: claves para un control eficaz
La coccidiosis en pollos de engorde continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios y económicos de la producción avícola. Aunque los coccidios que afectan a las aves de corral se conocen desde hace más de 130 años, la enfermedad sigue generando importantes pérdidas económicas, estimadas en más de 10.400 millones de libras esterlinas anuales, unos 11.600 millones de euros.
La enfermedad está causada por protozoos intracelulares del género Eimeria, que invaden y dañan las células epiteliales intestinales. Como consecuencia, se produce inflamación, disminuye la absorción de nutrientes y se deteriora el rendimiento productivo.
Además, la coccidiosis altera la función de barrera del intestino y constituye un importante factor predisponente para otros trastornos intestinales, como la enteritis necrótica y la disbacteriosis.
Coccidiosis clínica y subclínica: el problema que no siempre se ve
Los casos clínicos pueden presentar signos evidentes, como diarrea hemorrágica, deshidratación, plumaje erizado, postura atípica y vocalizaciones anómalas. En estas situaciones, la mortalidad puede aumentar y situarse habitualmente entre el 1% y el 5%.
Sin embargo, el mayor impacto económico de la coccidiosis en pollos de engorde está relacionado con los casos subclínicos. En ellos no aparecen signos clínicos específicos, pero sí puede observarse una menor ganancia de peso y un empeoramiento del índice de conversión.
De hecho, hasta el 80% de las pérdidas asociadas a la coccidiosis a nivel mundial se atribuyen a su forma subclínica. Por ello, limitar el control a la detección de brotes clínicos no permite conocer completamente la situación sanitaria de una explotación.
Monitorizar las lesiones para mejorar el control
El seguimiento específico de la enfermedad resulta fundamental para diseñar y optimizar cualquier programa de control. La monitorización debe incluir tanto la coccidiosis clínica como, especialmente, la subclínica.
Una de las herramientas recomendadas es la valoración periódica de lesiones o lesion scoring, preferiblemente con una frecuencia mensual y sobre una muestra representativa de las explotaciones.
La gravedad de las lesiones presenta una buena correlación con el daño histológico y, por tanto, con la alteración de la absorción de nutrientes y el rendimiento productivo. Por este motivo, puede utilizarse como indicador de la incidencia y gravedad de las infecciones subclínicas.
Anticoccidiales: una herramienta esencial, pero con limitaciones
Los anticoccidiales administrados mediante el pienso se utilizan desde hace más de 70 años y han contribuido al desarrollo de la producción avícola industrial. Actualmente continúan siendo una de las principales herramientas para la prevención de la coccidiosis, con presencia en alrededor del 85% de los pollos de engorde a nivel mundial.
Existen diferentes tipos de compuestos, entre ellos ionóforos, productos sintéticos o químicos y combinaciones, con actividad coccidiocida o coccidiostática.
Su incorporación al pienso permite administrar el tratamiento a todo el lote como parte de los programas de prevención. No obstante, su uso también presenta una limitación importante: el riesgo de desarrollar resistencias y resistencia cruzada entre determinados compuestos.
La rotación, clave frente a las resistencias
La presión de selección generada por el uso continuado de un anticoccidial puede favorecer la aparición de resistencias. Por ello, el diseño de un programa debe tener en cuenta factores como el historial de la explotación, la presión local de coccidiosis, los productos utilizados anteriormente y los resultados del seguimiento.
Una de las principales recomendaciones es evitar el uso prolongado de una misma molécula. La rotación permite reducir la presión de selección y contribuir a preservar la eficacia de las herramientas disponibles.
Además, la rotación debe realizarse entre clases químicas diferentes, y no simplemente entre productos pertenecientes a una misma clase. Por ejemplo, cambiar entre distintos ionóforos monovalentes puede comprometer la eficacia del programa debido a la posibilidad de resistencia cruzada.
Periodos de descanso y restauración de la sensibilidad
La restauración de la sensibilidad frente a los anticoccidiales también debe formar parte de la estrategia de control. Reducir la presión de selección y evitar el uso prolongado o repetido de una misma clase puede contribuir a mantener su eficacia.
Según las recomendaciones recogidas en el texto, para los ionóforos el periodo de descanso debe ser de al menos seis meses. En el caso de productos químicos, especialmente aquellos con un desarrollo rápido o muy rápido de resistencias, se recomienda un periodo de 12 meses y, preferiblemente, de hasta 24 meses.
También puede contemplarse una “limpieza química” anual mediante productos que reduzcan significativamente la excreción de ooquistes, con el objetivo de disminuir la presión de infección por Eimeria.
Un programa de control debe adaptarse a cada explotación
La coccidiosis en pollos de engorde requiere un enfoque basado en la prevención, la monitorización y una gestión adecuada de las herramientas disponibles. No utilizar durante demasiado tiempo un mismo producto, rotar entre clases químicas diferentes, respetar los periodos de descanso y realizar un seguimiento de las lesiones son elementos fundamentales.
A ello se suma la necesidad de respetar estrictamente las dosis autorizadas y los periodos de retirada establecidos. Cuando exista un rango de dosis autorizado, la elección debe tener en cuenta la presión de infección.
En definitiva, un programa anticoccidial eficaz no debe centrarse únicamente en evitar los brotes clínicos. El seguimiento de la coccidiosis subclínica y una estrategia adecuada de gestión de resistencias resultan esenciales para proteger el rendimiento de los pollos de engorde y mantener la eficacia de los tratamientos disponibles.


