Sexaje in ovo: una tecnología que todavía no está preparada para la industria del huevo en Estados Unidos

sexaje in ovo

El sexaje in ovo se presenta como una de las grandes alternativas para abordar el problema de los pollitos macho de las líneas de gallinas ponedoras. Sin embargo, su desarrollo tecnológico, sus implicaciones sobre el bienestar animal y, especialmente, su impacto económico plantean todavía importantes interrogantes para los productores de huevos estadounidenses.

Durante la feria PEAK 2026, celebrada en Minneapolis (Minnesota) el 15 de abril de 2026, una de las sesiones estuvo dedicada al sexaje in ovo en la industria del huevo de Estados Unidos. El objetivo parecía claro: analizar el estado actual de las diferentes tecnologías disponibles, su evolución y hasta qué punto están preparadas para convertirse en una solución viable tanto desde el punto de vista técnico como económico.

Sin embargo, el debate terminó centrado principalmente en promover la adopción de los sistemas actualmente disponibles, sin profundizar suficientemente en sus limitaciones.

En el panel participaron Casey Downey, directora de programas de Innovate Animal Ag; Juliana Machado, genetista y científica de datos de Hendrix-Genetics Layers; Larry Sadler, vicepresidente sénior de United Egg Producers; Sandra Vijn, directora general de Kipster USA; y Nancy Roulston, directora sénior de políticas corporativas y ciencia animal del departamento de bienestar de animales de granja de ASPCA. La sesión estuvo moderada por Greg Schonefeld, CEO de Ag Installers.

El problema de los pollitos macho en la producción de huevos

El sexaje in ovo lleva más de una década siendo objeto de investigación. Su principal objetivo es evitar el nacimiento de pollitos macho procedentes de líneas genéticas seleccionadas para la producción de huevos, ya que estos animales no tienen un valor económico equivalente al de los pollitos destinados a la producción de carne.

Actualmente, en buena parte del mundo, el sexo de los pollitos se determina después de la eclosión. Los machos son posteriormente sacrificados mediante métodos como la maceración o el dióxido de carbono. Existe consenso en que los pollitos recién nacidos pueden experimentar dolor, por lo que cualquier procedimiento utilizado para su sacrificio debe realizarse de forma rápida y con criterios de bienestar animal.

El sexaje in ovo pretende evitar esta situación identificando el sexo del embrión antes de la eclosión.

¿Cuándo puede sentir dolor un embrión de pollo?

Aquí aparece una de las principales cuestiones que todavía plantea esta tecnología: el momento exacto en el que el embrión de pollo puede percibir dolor.

Las investigaciones científicas no han establecido una respuesta completamente uniforme. Estudios anteriores apuntaban a que esta capacidad podía aparecer alrededor del séptimo día de incubación, mientras que investigaciones más recientes sitúan potencialmente el inicio de la percepción del dolor alrededor del día 13.

La cuestión continúa siendo objeto de debate científico.

Este aspecto es especialmente relevante porque los sistemas actuales de sexaje in ovo necesitan incubar los huevos durante varios días antes de determinar el sexo. Algunos programas de certificación, como UEP Hatch Check, establecen que el procedimiento debe completarse antes del día 15 de incubación.

Por tanto, una tecnología que pretende solucionar un problema de bienestar animal debe garantizar, al mismo tiempo, que el propio proceso no genere un nuevo problema de bienestar.

El coste también importa

El planteamiento inicial del sexaje in ovo era todavía más ambicioso. La idea era identificar el sexo de los embriones antes de iniciar la incubación. De esta manera, los huevos con embriones macho podrían desviarse hacia otros usos, como alimentación humana o animal.

Además, este sistema permitiría reducir aproximadamente a la mitad las necesidades de incubadoras y equipos de manejo de pollitos en las plantas de incubación dedicadas a gallinas ponedoras.

Pero los sistemas disponibles actualmente funcionan después de varios días de incubación. Esto limita parte de las ventajas económicas inicialmente previstas.

Durante el panel se señaló que la utilización de estas tecnologías puede incrementar el coste de producción de una pollita en torno a 1,5 euros, equivalente aproximadamente a 0,01 dólares por huevo producido.

Para una industria que trabaja con grandes volúmenes, incluso pequeños incrementos unitarios pueden tener un impacto considerable sobre los márgenes.

El riesgo de invertir en una tecnología que quede obsoleta

Existe además otro factor que los productores deberían valorar: la velocidad con la que evolucionan tanto la ciencia como las exigencias del mercado.

Durante el debate, Larry Sadler estableció un paralelismo con la evolución de los sistemas de alojamiento de gallinas. Algunos productores estadounidenses apostaron en su momento por las jaulas enriquecidas como una alternativa para mejorar el bienestar animal. Sin embargo, las exigencias de determinados grupos de protección animal y del propio mercado evolucionaron posteriormente hacia el alojamiento sin jaulas.

El resultado fue que algunas inversiones realizadas en sistemas de jaulas enriquecidas no llegaron a amortizarse completamente.

El mismo escenario podría repetirse con el sexaje in ovo si las tecnologías actuales son consideradas insuficientes en unos años debido a nuevos avances científicos sobre el desarrollo embrionario y la percepción del dolor.

Una solución que todavía necesita evolucionar

El sexaje in ovo tiene potencial para transformar la producción de huevos y reducir significativamente el sacrificio de pollitos macho. Pero potencial no significa que la tecnología esté ya preparada para una implantación generalizada.

Para los productores, la decisión implica mucho más que incorporar una nueva máquina a la planta de incubación. Supone asumir una inversión, modificar procesos productivos y trasladar costes a una cadena que ya trabaja con márgenes ajustados.

Por ello, antes de apostar de forma generalizada por los sistemas actuales, sería necesario conocer con mayor precisión su evolución tecnológica, su impacto económico y, especialmente, su capacidad para responder a las futuras exigencias de bienestar animal.

La industria del huevo necesita soluciones duraderas. El sexaje in ovo puede formar parte de esa respuesta, pero las tecnologías que hoy se presentan como solución definitiva todavía tienen importantes preguntas pendientes.

En un sector sometido a una creciente presión económica, científica y social, invertir millones en una tecnología que podría quedar superada en pocos años no parece una decisión que pueda tomarse a la ligera.